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Qué hitos pueden modificar mi pensión

1. Cuándo empiezas a cotizar

El tiempo cotizado es una variable fundamental que determinará el importe de nuestra pensión. No alcanzar los 35 años y 9 meses cotizados ahora, (38 años y 6 meses cuando acabe el periodo de transición en 2027) llevaría a no cobrar el 100% de nuestra pensión.

Poniendo como ejemplo ese año 2027, para recibir la totalidad de la pensión deberíamos empezar a trabajar desde los 28 años y 6 meses, y hacerlo de forma ininterrumpida. Teniendo en cuenta las dificultades de acceso a los más jóvenes al mercado de trabajo, estos límites harán casi imposible para muchos obtener la totalidad de la pensión no sólo por la edad de entrada, sino por la cotización que obliga y que también está condicionada por el mercado de trabajo. Aunque la prestación de desempleo, como veremos más adelante, cotiza en la Seguridad Social, no siempre al perder un trabajo tendremos acceso a esta prestación, ya que requiere un mínimo de años trabajados.

2. Tipo de trabajo: Autónomo o asalariado

El régimen de cotización a la Seguridad Social influye de forma fundamental en nuestra pensión futura. Un trabajador por cuenta ajena (asalariado) puede obtener con un menor esfuerzo económico una base de cotización más alta que lleve a poder conseguir una pensión por jubilación más elevada. Por ejemplo, para una base de cotización de un asalariado de 1.800 euros, éste pagaría unos 113 euros a la Seguridad Social, mientas que el esfuerzo del autónomo para esta misma base la elevaría hasta los 547 euros: casi cinco veces más, si se cubren todas las prestaciones.

Esta diferencia se explica porque la mayor parte de las cotizaciones sociales del trabajador por cuenta ajena las paga el empresario, mientras que el autónomo paga la totalidad de las suyas. Esto lleva en la práctica a que los autónomos coticen de forma general muy por debajo que los asalariados, consiguiendo con ello unas pensiones públicas mucho más bajas.

Es bastante normal que el autónomo joven cotice por lo mínimo y que, cuando se acerca la edad de jubilación, eleve su cotización.

Diferencia: 165 euros al mes / 1.980 euros al año
(*) Pagando la prestación por cese de actividad (desempleo)
Ejemplo
Base cotización 1000 1500
Cotización (*) 328 492

Si tenemos en cuenta que hay que mantener el esfuerzo durante 15 años, supondría realizar un desembolso de 29.700 euros, que sería aún mayor si a lo largo de los próximos años sube la base de cálculo a los 20 años por ejemplo. Por todo ello, debe ser de obligado cumplimiento para el autónomo sopesar si dedica todo el esfuerzo financiero que pueda a elevar su pensión pública, o decide hacerlo de forma mixta y distribuirlo con sistemas de previsión privado.

3. Enfermedad: Cómo cotizas en caso de incapacidad temporal

En caso de enfermedad, el trabajador tiene derecho a un subsidio por incapacidad temporal desde el cuarto día de baja. Éste proporciona un 60% de nuestro sueldo desde ese día, que se eleva al 75% desde el día 21 de la enfermedad. En la práctica, si la empresa no complementa esta cuantía, el resultado es que cobraremos menos. Muchos de los convenios colectivos complementan esta cuantía, pero dejando fuera conceptos que elevan nuestra base de cotización, desde la parte variable del sueldo a retribuciones en especie. El resultado es que incluso en el mejor de los casos veremos una reducción de nuestra base de cotización de forma moderada que será más grave si la empresa o convenio colectivo no complementa la retribución fija.

Un caso extremo es el del autónomo. El trabajador por cuenta propia en ningún caso ve complementada su prestación y por ello, sólo cobrará lo que hemos mencionado anteriormente: el 60% del día 4 al 20 y el 75% a partir del 21%. Teniendo en cuenta la obligación de seguir cotizando, en muchos casos esta situación de incapacidad temporal le deja unos ingresos mínimos:

Ejemplo
Base mínima 880,60
Cotización (*) 290,53
Cobro del mes (75% de la base): 663,30
Después de pagar la cotización quedan líquidos: 327,22 euros
(*) Incluye la prestación por cese de acyividad

Por ello, si el autónomo no dispone de otro tipo de producto de previsión (como seguros específicos) se puede encontrar que una enfermedad grave condicione su cotización y su pensión futura.

Si la enfermedad fuera grave y transcurrido el tiempo máximo de incapacidad temporal (12 meses con prórroga extraordinaria de otros 6) o antes si así lo requiriera el servicio de inspección médica, fuera concedido una incapacidad permanente, absoluta o gran invalidez, sí se dejaría de cotizar, ya que estas prestaciones de por vida sustituirían a nuestra pensión por jubilación.

4. Desempleo

El desempleo es otro hecho que tiene un gran impacto en nuestra futura pensión por jubilación. En primer lugar hay que tener en cuenta si tenemos derecho a recibir prestación por desempleo.

Para ello, se deben cumplir una serie de requisitos:

  • Estar afiliado y dado de alta en la Seguridad Social, en cualquier régimen que cotice por desempleo. Actualmente, los trabajadores autónomos tienen derecho a cobrar una prestación por cese de actividad, siempre y cuando coticen, es de manera voluntaria, por esta contingencia.
  • Haber cotizado como mínimo un año (360 días) en los últimos seis años naturales antes de finalizar la relación laboral. Si no ha cotizado lo suficiente puede tener derecho a un subsidio por desempleo, no prestación, con diferencias muy importantes para nuestra jubilación.
  • Haber tenido que finalizar o reducir la relación laboral por alguna de las siguientes situaciones: despido, finalización del contrato a instancias de la empresa, expediente de regulación de empleo o reducción de jornada/salario en más de un 33% de la duración inicialmente pactada, o no haber cumplido la edad ordinaria que dé derecho al cobro de la pensión de jubilación.
Si cumples los requisitos, tendrás derecho a una prestación mínima de 4 meses de duración (si has cotizado entre 360 y 539 días) y un máximo de 2 años (si has cotizado más de 2.159 días).

Percibir la prestación disminuye el impacto sobre nuestra jubilación futura, ya que se sigue cotizando para la jubilación con una base de cotización similar a la que se tenía mientras se trabajaba, ya que la base reguladora de la prestación es el promedio de las bases de cotización durante los últimos seis meses de ocupación. Además, se cotiza por el resto de las contingencias comunes: la protección a la familia, invalidez permanente, prestación por muerte y supervivencia, incapacidad temporal, maternidad, asistencia sanitaria y farmacéutica.

El pago de estas cuotas se reparte entre el Servicio Público de Empleo y el propio desempleado, como si se tratara de una nómina.

El problema lo tiene el trabajador que agota la prestación o no tiene derecho a ella, aun cobrando un subsidio por desempleo o ayuda asistencial para determinados grupos de parados sin recursos.

Si tienes menos de 55 años, esta cantidad no contará para el cálculo de la pensión de jubilación. Los subsidios por desempleo cotizan por las contingencias de asistencia sanitaria y protección a la familia, pero sólo cotizan para la jubilación en el caso de desempleados mayores de 55 años y determinados supuestos de trabajadores fijos discontinuos.

Para ciertos casos existe la posibilidad de cotizar para la jubilación de forma individual, mediante un convenio especial con la Seguridad Social, abonando todos los meses las cuotas correspondientes para poder cobrar la pensión esperada. De esta manera, y a cambio de hacerse cargo personalmente de las cuotas a la Seguridad Social, pueden mantener el importe de su pensión al cotizar durante unos años que precisamente entran dentro del periodo de cómputo para el cálculo de la misma, pero realizando para ello un importante esfuerzo financiero y casi siempre con bases de cotización bajas que harán que la pensión pública futura se resienta.

El impacto sobre la pensión futura es enorme. En un primer periodo, si se tiene derecho a prestación contributiva, se mantiene la cotización aunque con bases algo más bajas, pero finalizada esta el impacto es doble: por el mínimo de años cotizados que se necesita para cobrar la pensión o del 100% de la base reguladora y por la disminución de lo aportado globalmente en los años que computan para la pensión. Por todo ello, si a lo largo de nuestra vida laboral hemos tenido situaciones de desempleo, es recomendable que la compensemos con más aportaciones en productos que complementen nuestra jubilación.

5. Prejubilación

La prejubilación, que no hay que confundirla con la jubilación anticipada, no es un tipo de jubilación regulada por la Seguridad Social. Está basada en un convenio entre empresa y el trabajador. Ambos llegan a un acuerdo económico que conlleva una retribución desde que finaliza la relación laboral hasta el día de la jubilación.

Durante esos años, la empresa abona el porcentaje del sueldo ambas partes acuerden. En ocasiones es un capital inicial al que le acompaña un pago mensual, acabando el trabajador cobrando la prestación por desempleo en los dos últimos años antes de la jubilación. Por ello, la empresa paga las cotizaciones sociales hasta el momento de la jubilación o, si el trabajador puede adherirse al convenio especial, entrega ese dinero para que él mismo pague sus cotizaciones. En ambos casos, el trabajador no causa baja en la Seguridad Social, sino que queda registrado como desempleado y demandante de empleo. En definitiva, la prejubilación no supone un impacto sobre la pensión futura al mantenerse el pago de cotización.

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