Nos dicen que el sistema de pensiones de la Seguridad Social ya no es sostenible y que las pensiones futuras pueden sufrir algún tipo de recorte en los próximos años. Con independencia de que esta situación se vaya a producir o no en el futuro, lo cierto es que la mayor parte de los expertos aconseja empezar a aportar dinero a un plan de ahorro para la jubilación; y si puede ser cuanto antes, mejor que mejor.
En ocasiones, es nuestra propia empresa la que promueve la contratación de un producto de ahorro para la jubilación de los que seremos beneficiarios en el futuro. Son los seguros de jubilación colectivos, planes de prevsion social empresarial, planes de pensiones de empleo y planes de pensiones empresariales, unas fórmulas muy interesantes para complementar la futura prestación por jubilación y el capital obtenido por nuestro plan de pensiones privado.
Se tratan de un instrumentos de inversión y previsión social promovido por las empresas en favor de sus empleados, en los que las aportaciones pueden ser realizadas por ambas partes (partícipes y empresa), o solo por la compañía; la mayoría de empresas lo utilizan como complemento salarial para sus trabajadores.
Existen tres pilares fundamentales para el ahorro de cara a nuestra jubilación. El primero de ellos es el Estado y las pensiones públicas; el segundo pilar son los planes de previsión empresarial; y el tercer pilar son los planes de ahorro a la jubilación individuales. En España, el primer pilar es obligatorio mientras que tanto el segundo como el tercero son voluntarios, a diferencia de otros países como Suiza en el que los planes de previsión de empresa son obligatorios para aquellos empleados que tengan determinado nivel de ingresos fijado por ley.
Esta voluntariedad explica que tan sólo el 10% de la población laboral española esté cubierta por una póliza de seguro colectivo o un plan de pensiones de empleo..
Y todo ello a pesar de su beneficiosa fiscalidad, tanto para el asegurado/partícipe del plan como para la empresa. El primero podrá en los planes de pensiones de empleo y planes de previsión social empresarial, al igual que ocurre con los planes de pensiones individuales, deducirse las contribuciones que realicen los empresarios promotores en la base imponible del IRPF, mientras que las empresas podrán efectuar una deducción en la cuota íntegra del Impuesto de Sociedades del 10% para aquellos trabajadores con retribuciones brutas anuales inferiores a 27.000 euros. En el caso de los seguros colectivos de jubilación no tributará en el IRPF por la prima no imputada.
¿Qué ocurre en otros países de nuestro entorno?
Cada país cuenta con una legislación diferente en lo que a política de pensiones se refiere. En algunos de ellos, el segundo pilar es fundamental para realizar una cobertura adecuada a sus ciudadanos; no en vano, la tasa de sustitución, medida como la relación entre el último salario y la pensión de jubilación (es decir, si mi último salario ha sido 2.000 euros y la pensión es de 1.000, la tasa de sustitución será del 50%), es mayor que la de la pensión pública. Mientras tanto, en otros países como España, el segundo pilar tiene un papel casi residual. Algunos ejemplos son:
En otros países como Estados Unidos, Australia, Canadá o Japón, pese a que los planes empresariales no son obligatorios, su importancia ha experimentado un gran crecimiento gracias a dos factores fundamentalmente: el elevado grado de desarrollo de los productos financieros en estos países y el incentivo fiscal con que cuenta esta forma de ahorro.
Los sistemas de previsión social empresarial es uno de los pilares en los que se divide cualquier sistema de pensiones. Tanto es así que su grado de desarrollo marca también el grado de desarrollo de este sistema en muchos países, dado que la pensión futura sí guardará relación con las aportaciones a estos sistemas.