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El Blog de Nationale-Nederlanden

Ya ha llovido, y no poco, desde que la sal fuera utilizada como medio de pago. Quién sabe si dentro de no demasiado tiempo ocurrirá lo mismo con las monedas y los billetes que hoy engordan, alguno más que a otro, nuestras carteras. Internet y las nuevas tecnologías han cambiado nuestra sociedad; si hoy ya nadie utiliza una cabina de teléfonos, pocos compran un periódico o casi nadie escribe una carta, hay también ya países que han emprendido la carrera por suprimir el dinero en efectivo, como Dinamarca. Quienes están a favor de enterrar las monedas citan entre los beneficios que implicaría un control más efectivo del dinero, puesto que habrá menos dinero negro o descenderán los atracos; quienes se ponen en el otro lado de la balanza hablan de que crecerán los ciberdelitos y que se dejaría aún más al margen de la sociedad a los más desfavorecidos.

Cuando nos jubilamos, llega el momento de dejar de trabajar y comenzar a recibir la pensión pública de la Seguridad Social a la que tanto hemos contribuido en todos los años que hemos estado trabajando. Nuestras cotizaciones garantizan que, a los 65 años o un poco más tarde, podamos recibir una renta mensual que nos permita vivir de manera cómoda el resto de nuestra vida.

​A lo largo de la historia se pueden identificar momentos en los que los seguros surgen en su versión más primitiva en distintas civilizaciones, siempre con el objetivo de dar una respuesta a los problemas que surgían en el día a día de las personas de la época y en las actividades de comercio, motor del surgimiento y evolución de los seguros.

​¿Cuál será mi pensión de jubilación? Una pregunta que suele rondar en la cabeza y más a medida que cuanto más se acerca la fecha para nuestro retiro. Para calcularlo tenemos que tener en cuenta muchos aspectos, entre los cuales destacan el tiempo que hayamos cotizado a la Seguridad Social y por cuánto lo hemos hecho (existen simuladores para que realices ese cálculo). Pero si lo que queremos es hacernos una idea  rápida, más o menos cercana, de lo que podemos ingresar en nuestro dorado retiro existe un índice que tiene que ver con nuestro último salario  y que nos puede dar una idea aproximada.

​Una de las tareas que todo ahorrador que se precie debería realizar en su día a día es la de revisar todos los pagos, tanto de facturas como recibos, cargos en cuenta y tarjetas bancarias. Esta es una tarea que requiere tiempo y que no agrada a la mayoría de personas, pero que resulta necesaria porque existe una cierta probabilidad (baja) de que por un error operativo se pague más de la cuenta en un comercio, en un restaurante, en un recibo de servicios, entre otros.

​Rectificar es cosa de sabios, pero también de contribuyentes. Si has cometido un error en tu declaración de la Renta, antes de llevarte las manos a la cabeza o de imaginarte perseguido por inspectores de Hacienda, lo que puedes hacer es corregirlo. Hay dos posibilidades en tu fallo: que te hayas equivocado a tu favor o que el error beneficie a Hacienda. En función de uno u otro caso, deberás corregir la falta de una u otra forma.

Si hay algo que todos tenemos en común y que sabemos identificar son los billetes. Pagamos nuestra primera entrada al cine con un billete de 500 pesetas con el retrato de Rosalía de Castro y ahora lo hacemos con uno de 10 euros con un dibujo de un monumento imaginario. De uno a otro ha pasado algo más que el tiempo, nada menos que un cambio de moneda.

A la hora de contratar tarjetas bancarias, muchas personas se preguntan cuántas deben llevar en la cartera para poder atender todas sus necesidades de pago en el día a día. La respuesta es que depende de cada persona, ya que en función de sus usos y costumbres, habrá de contratar unos tipos de tarjetas u otras. Eso sí, es factible pensar en un conjunto de tarjetas básico para poder pagar en cualquier establecimiento, sin asumir un alto coste.

Puedes invertir tus pequeños ahorros como lo haría cualquier gran fortuna. De hecho, puedes invertir con las grandes fortunas y sacar provecho de sus estrategias de inversión y de sus potentes equipos de gestión. Los grandes patrimonios utilizan para realizar sus inversiones las llamadas Sicavs y es posible entrar la mayoría de ellas.