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El Blog de Nationale-Nederlanden

La economía en general, y el dinero en particular, es un tema recurrente en los cómics y la ficción, por ser fácil de entender y un aspecto que nos importa a todos. Obélix nos enseñaba a todos cómo funciona la oferta y la demanda a través de su cantera de menhires; Económix, por su parte, nos hizo un repaso de todas las etapas económicas por las que ha atravesado el ser humano. Y uno de nuestros dibujantes más conocidos, Francisco Ibáñez, no quiso ser menos, y plasmó su particular visión de la historia del dinero a través de sus dos personajes más conocidos: Mortadelo y Filemón.

​En la sociedad actual cada vez se consumen más videojuegos, con 1.163 millones de euros facturados durante el año 2016 en España, un 7,4% más que en el ejercicio anterior. Con esas cifras, sorprende gratamente cómo los juegos de mesa tradicionales siguen ocupando un espacio todavía importante

Elaborar y presentar una liquidación de impuestos puede ser en algunas ocasiones una tarea complicada. Aunque las normativas tributarias buscan dar una respuesta a todos los casos, los continuos cambios en materia fiscal pueden dar lugar a múltiples interpretaciones. Para evitar esta ambigüedad, existe un organismo técnico que dicta la doctrina de Hacienda en el ámbito del Estado (para los impuestos autonómicos, cada comunidad tendrá el suyo propio), de forma que lo que dictaminen pueda ser utilizado no sólo por el contribuyente que realiza la consulta, sino por todos.

​Aunque cada vez usamos más las tarjetas bancarias para nuestros pagos en el extranjero, por ser prácticas y poder controlar en todo momento nuestros gastossiempre acabamos llevando dinero en efectivo del país que visitamos. El temor de no tener suficiente dinero o que haya muchos comercios que no acepten el pago con tarjeta trae como consecuencia que más a menudo de lo que deseemos compremos más de la cuenta o traigamos dinero de vuelta que nunca más vamos a utilizar. 

​Si hace 10 años hubiéramos hecho una encuesta y preguntado qué es la prima de riesgo, seguramente muy pocos hubieran sabido la existencia de este concepto financiero. Una década más tarde y después de llenar decenas de titulares en prensa o televisión, lo más probable es que sean muy pocos los que no sepan identificar y relacionar este concepto con la economía y las finanzas. 

​Desde el pasado 1 de febrero de 2014, las siglas SEPA (Single European Payments Area) son un símbolo común en todas las operaciones entre bancos y particulares. Gracias a esta nueva norma, todos los ciudadanos europeos pueden realizar y recibir pagos en las mismas condiciones, los mismos derechos y con las mismas obligaciones, con independencia del país en el que residan o desde el cual realicen la operación y de que las operaciones que realicen sean nacionales o transfronterizas. 

​La jerga financiera suele ser, en muchos casos, difícil de entender por la mayoría de mortales. Pareciera como si los economistas estuviesen buscando constantemente conceptos y términos alejados del día a día de los ciudadanos para comunicarse entre sí y proponer soluciones complejas a los retos que plantea la economía de un país.

¿Lo has soñado alguna vez? ¿Te has dejado llevar por la imaginación y has llegado a pensar en cómo sería si el banco tuviera que devolverte dinero por tu hipoteca o que la deuda que firmaste disminuya? Si ese día llega algún día, que lo dudamos, hoy quizá esté más cerca que nunca. Y es que la tasa a la que se referencian la mayoría de las hipotecas en España, el euríbor, lleva varios meses ​​consecutivos marcando tasas negativas aunque antes de lanzar las campanas al vuelo y hacer castillos en el aire, pongamos los pies sobre la tierra.

​Para gustos, colores. El cambio de horario de verano a invierno, o viceversa, tiene tantos detractores como partidarios. En un lado del ring, aquellos que consideran que es una medida con la que se ahorra y, en el otro lado, los que consideran que no sirve para mucho o, directamente, que no creen en los estudios que avalan ese ahorro.

En el equipo de los detractores, contamos con toda una autoridad: Benjamin Franklin. Él fue el primero a quien se le ocurrió adelantar los relojes para que la gente gastara menos velas en pleno siglo XXVIII, aunque sin mucho éxito. No fue hasta principios del siglo siguiente, cuando los alemanes decidieron implantar el cambio de hora, es decir, adelantar una hora en el inicio del verano y retrasarla cuando el invierno se acercaba. En nuestro país, esta medida se tomó de forma intermitente hasta la crisis de petróleo en 1974 y, desde entonces, tenemos cada año dos citas ineludibles con nuestros relojes.

La esencia de la medida es la misma que la planteada por Franklin aunque, ahora en lugar de en velas, el interés es ahorrar en energía lumínica y, por tanto, en consumo eléctrico. O lo que es lo mismo: conseguir encender menos la luz de nuestras casas, de nuestras industrias o de nuestras tiendas. La esencia de la medida es que ahora que se acerca el invierno y amanece más tarde, al retrasar una hora nuestros relojes conseguimos aprovechar más la luz solar, ya que amanecerá antes y anochecerá más tarde. E​n verano, en cambio, al adelantar la hora cuando el horario en el que se hace de día es más temprano y en el que se hace de noche más tarde sacamos también más​ provecho de la luz natural.

No encender las luces artificiales y aprovechar más la iluminación del sol, supone un ahorro para cada familia española de seis euros al año, según cálculos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (Idae). Además, siguiendo las estimaciones realizadas por esta institución podemos saber que se consigue ahorrar un 5% del consumo eléctrico del país, lo que supone unos 300 millones de euros de los que 90 millones corresponderían a las familias y el resto se repartiría entre los edificios del sector servicios y la industria.

Claro que, desde la propia Idae se señala que esas cifras son potenciales y que todo ese ahorro se podrá alcanzar siempre y cuando se realice un comportamiento racional en el hogar en el uso de la iluminación artificial. Y aquí es donde saltan todas las dudas. Para muchos, esos ahorros de los que habla Idae no son reales e incluso hay quien dice que, aún siéndolo, no suponen ningún tipo de ahorro en una factura energética que, en nuestro país, alcanza los 200.000 millones de euros al año.