Ana Moreno
Desde hace más de ocho años formo parte del equipo de Nationale-Nederlanden España, y actualmente lidero el área de activos digitales. Mi misión es clara: diseñar experiencias digitales útiles, accesibles y centradas en las personas, que ayuden a nuestros usuarios a tomar decisiones informadas sobre su bienestar financiero.
Cada contenido que publico en este blog está pensado para aportar valor real. Me aseguro de que la información sea clara, actualizada y útil, con el objetivo de acompañarte en tus decisiones financieras de forma sencilla y transparente.
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Una de las tareas que todo ahorrador que se precie debería realizar en su día a día es la de revisar todos los pagos, tanto de facturas como recibos, cargos en cuenta y tarjetas bancarias. Esta es una tarea que requiere tiempo y que no agrada a la mayoría de personas, pero que resulta necesaria porque existe una cierta probabilidad (baja) de que por un error operativo se pague más de la cuenta en un comercio, en un restaurante, en un recibo de servicios, entre otros.
Hay quien cuenta con el dinero que le devuelve Hacienda al hacer la declaración de la Renta para tapar algún agujero, para hacer frente al imprevisto de última hora e, incluso, para poder salir de vacaciones. Así que, cuando el tiempo pasa y el ingreso no llega hay quien entra en estado de nervios.
Juntos, pero no revueltos. El coworking, en su traducción al castellano co-trabajo, pone en práctica esta expresión. Nacido hace apenas una década en EEUU, el coworking consiste en que varios profesionales independientes, emprendedores o pymes de diferentes sectores y actividades compartan un mismo espacio de trabajo. Una nueva forma de trabajar para los autónomos -aquellos que para su día a día solo necesitan de un portátil, una conexión a Internet y un teléfono- que tiene que ver mucho con esa nueva tendencia llamada consumo colaborativo.
El Principio K.I.S.S., que surge de las siglas de "Keep It Simple, Stupid" y que en castellano significa "Hazlo simple, estúpido", promueve la simplicidad de las cosas. Nació en los años sesenta, durante la época de la carrera espacial, un momento vital para dos superpotencias como Estados Unidos y Rusia, que deseaban liderar el mundo a toda costa.
A la hora de invertir en productos de ahorro, no hay una única regla infalible que permita a todo el mundo acertar con la distribución óptima de la inversión. Sin embargo, basándose en la experiencia, se pueden aplicar algunas recetas que sirven para dirigir el ahorro hacia unos productos concretos y dimensionar el riesgo que merece la pena asumir en cada momento a lo largo del tiempo.
Llevar las cuentas al día es muy importante para poder ahorrar y no fracasar en el intento. Para lograr los objetivos propuestos, el teléfono móvil es un buen aliado, gracias a las múltiples aplicaciones que ayudan a controlar nuestras finanzas personales. A continuación, te presentamos una selección de aplicaciones para controlar las finanzas personales y ahorrar con éxito:
A los economistas siempre se les echa en cara que no saben predecir las crisis pero sí saben explicarlas. La economía no es una ciencia exacta pero sí que cuenta con indicadores que sirven para medir su temperatura. Más allá de los tipos de interés o de los datos del Producto Interior Bruto (PIB), los economistas han tratado de poner en juego otros indicadores que sirvan para predecir si nos acecha una crisis o si la que vivimos ya está a punto de abandonarlos. Los hay de muchas clases y para todos los gustos, pero de los que aquí vamos a hablar son, posiblemente, los más curiosos.
El coste de oportunidad es un concepto utilizado en economía y en la toma de decisiones. Se refiere a la elección de una opción frente a otras posibles alternativas, implicando la renuncia a los beneficios que estas últimas podrían haber ofrecido.
Rectificar es cosa de sabios, pero también de contribuyentes. Si has cometido un error en tu declaración de la Renta, antes de llevarte las manos a la cabeza o de imaginarte perseguido por inspectores de Hacienda, lo que puedes hacer es corregirlo. Hay dos posibilidades en tu fallo: que te hayas equivocado a tu favor o que el error beneficie a Hacienda. En función de uno u otro caso, deberás corregir la falta de una u otra forma.