¿A quién corresponden los pagos fraccionados?
Los pagos fraccionados son una de las obligaciones fiscales de los autónomos. Implican tanto el ingreso de una cantidad a la Hacienda Pública como la presentación de un modelo tributario.
Los pagos fraccionados son una de las obligaciones fiscales de los autónomos. Implican tanto el ingreso de una cantidad a la Hacienda Pública como la presentación de un modelo tributario.
¿Cuál es el criterio que decide cuánto es lo que pagamos a Hacienda por IRPF? Con la entrada en vigor de la Ley 40/1998, del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas y otras Norma, hace ya 23 años, se dejó de gravar la renta obtenida por el contribuyente durante el periodo impositivo y se pasó a gravar la renta disponible, es decir, el dinero que el contribuyente puede utilizar después de atender sus necesidades básicas y las de las personas que de él dependen. Dicho de otro modo, de todo lo que el individuo gana, se resta una cantidad que Hacienda estima que es la necesaria para cubrir estas necesidades, que se conoce como el mínimo personal y familiar.
Los incentivos son un componente destacado en las retribuciones de muchos empleados y directivos. Pero además de los incentivos salariales, existen planes de incentivos que influyen en otras condiciones de trabajo y recompensas no salariales dentro la actividad laboral.
La productividad sigue siendo una de las mayores preocupaciones de las empresas actuales. Conseguir que los recursos sean lo más eficientes posible es un objetivo en el que las compañías centran sus esfuerzos, algo que va en línea con los objetivos económicos que también persigue el Gobierno y las Administraciones Públicas con el objetivo de conseguir un aumento de la tan ansiada competitividad.
Buena parte de las alternativas de financiación de una empresa pasan por la capacidad de generar un negocio sólido, de forma que podamos convencer a los socios, a posibles nuevos inversores, al banco al que pedimos un préstamo o a cualquier otra persona o entidad que nos vaya a financiar de algún modo. Para lograrlo nos vendrán bien estos siete puntos de partida.
El teletrabajo se ha convertido en una forma muy interesante para conciliar la vida familiar y laboral desde el punto de vista del empleado. La posibilidad de tener un horario flexible desde nuestro propio hogar y de disfrutar de la comodidad de trabajar sin salir de casa son caramelos demasiado dulces como para que un trabajador no quiera tener estas condiciones.
En España existe una cultura en el mundo de la empresa que cada vez más voces claman por erradicar. Se trata de la cultura del presencialismo, por la que se supone que cuantas más horas se pasa uno en el puesto de trabajo, más productivo es. Sin embargo, a pesar de que nuestro país es de los que más alarga la jornada laboral de Europa (pues lo normal es salir a las 19.00 horas o las 20.00 de la oficina) y que de media se registran 1.691 horas de trabajo anuales, según la OCDE, no es de los más productivos.
La ley de autónomos que entró en vigor a principios de 2018 trajo consigo muchos cambios positivos para los autónomos en aspectos como: cuotas más bajas para los que se den de alta por primera vez, mayor flexibilidad en los procesos de alta y baja, menos recargos por retrasos en el pago de la cuota, devolución de cuota para la pluriactividad y mayor claridad a la hora de incorporar ciertos gastos deducibles si trabajas desde casa.
Slow life es un concepto de vida distinto. El llamado movimiento lento propugna vivir a otro ritmo, tomándonos el tiempo necesario para cada tarea y dedicándonos especialmente a las actividades más enriquecedoras como, por ejemplo, las relaciones con otras personas. Los efectos pueden ser positivos en varios campos y uno de ellos es el de la salud.